Indios Argentinos: Historias, características, nombres y mucho más

Los primeros pobladores americanos arribaron al continente en distintas épocas, tan distantes como 25.000 a 40.000 años antes de Cristo. Después de superar Siberia atravesaron el estrecho de Bering para llegar a Alaska. Transcurridas 600 generaciones, cerca de 18.000 años después, lograron llegar al punto mas al sur del continente donde se encontraban los Indios Argentinos.

Indios Argentinos

Historias de Indios Argentinos

Bajo tres grupos distintos podríamos clasificar a los pueblos originarios de Argentina: los huárpidos, los láguidos y los patagónidos, quienes pasarían a ser reconocidos como los tres ejes que participaron en el poblamiento del país.

Las facciones mongoloides, de estos habitantes primigenios, o amerindios, se consideraban propias de poblaciones propias de Asia y Europa. Clasificado como “Homo tipo indoamericano”, tenia piel cobriza, cercana a amarilla, como resultado del cruce entre amurios y mongoloides. Aunado a ello y producto de múltiples mezclas y contribuciones de otros grupos, se originaron las tríbus que poblaron el suelo argentino, hasta el momento que llegaron los españoles a América.

El gran desarrollo y civilización alcanzado por mayas, aztecas e incas en otras regiones de América nunca fue igualado por estos grupos indígenas.

Primeros Pobladores

En territorio Argentino se han hallado pistas de la presencia del hombre presuntamente pertenecientes al Paleolítico, Mesolítico y Neolítico. Minas en la región montañosa central y en la Patagonia datados de hace 8000 años se encuentran entre los rastros mas remotos. Los habitantes primarios del extremo sur y canales fueguinos, la llanura, el litoral y Mesopotamia tendrían cerca de 6000 años de antigüedad.

Primeros Asentamientos

Región Montañosa

Cuevas y grutas fueron preferidas como hábitat por los primeros habitantes prehistóricos de áreas montañosas. Los restos humanos mas antiguos encontrados en montañas argentinas fueron hallados en Ayamapitín, Córdoba e Inti Huasi en San Luis con una tiempo cercano a los 8.000 años. Los grupos huarpidos del Paleolítico superior e inferior, que eran sujetos de alta talla y copiosa cabellera y barba, se habrían afincado en esta región.

En el período llamado período Neolítico temprano, la cultura más antigua se ubica en Tafí del Valle, Tucumán, 2.500 años atrás, conociéndose de ellos solamente que estaban compuestos por familias amplias y que laboraban la cerámica y la piedra.

En el período Neolítico medio la cualidad más destacada que señalaba la existencia de una cultura fue localizada en La Aguada, donde se hallaron cerámicas compuestas con figuras antropomórficas. Los primeros moradores se dedicaron a la siembra del maíz, a la cerámica y a labores en bronce en hachas y pectorales. Su influjo se extendió desde Catamarca hasta las regiones de San Juan, La Rioja, desde los años 650 hasta 800.

En el Neolítico tardío, que comprende desde el año 850 hasta 1480, se generaron las primeras concentraciones poblaciones importantes, con el desarrollo de colonias.

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En las Llanuras

Los indígenas pampas fueron los primeros pobladores de la llanura; cazadores de guanacos, desaparecidos a inicios del siglo XVIII y reemplazados por los araucanos llegados de Chile. Del Atlántico al Desaguadero-Salado; y desde el sur de las sierras de San Luis y Córdoba a las Sierras al Sur de Buenos Aires eran zonas pobladas por estos grupos. Huellas de los primeros residentes que obraron la piedra y la cerámica hace 6.000 años fueron hallados en Tandil. Los asentamientos de la costa atlántica;  los valles de los ríos Salados, Atuel y Colorado; y luego Bolívar, supuestamente provienen de la zona de Tandil.

Región de Mesopotamia

Con estatura regular y originarios de Lagoa Santa en Brasil, los primeros pobladores del litoral correspondían a los láguidos, los cuales se asentaron en la ribera platense, al borde de ríos y lagunas.

En El Dorado Misionero, antes de convertirse en una selva, se supone vivió una cultura paleolítica, llamada altoparanaense, de 6000 años de antigüedad; así lo indicó Osvaldo Menghin, arqueólogo austríaco residente en Argentina. Practicantes de la agricultura elemental, cazadores de sabana y con cultura afín a los pueblos de Planalto brasileño, así eran los hombres del Alto Paraná.

Los brasílidos de pequeña estatura, rechonchos, lampiños, de fisonomía mongoloide, reproducen el período Neolítico. Siguiendo el camino de los ríos Paraná y Paraguay, adonde habrían llegado 3000 años atrás, este pueblo se disgregó por los terrenos bajos y cálidos del Amazonas y Orinoco.

Hubo otras vertientes de origen amazónica como la de los guaraníes que contribuyo con elementos culturales propios, en su naciente agricultura, sus cerámicas y tejidos trenzados.

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En la Patagonia

Una antigüedad de 8649 años fue el resultado del análisis con carbono radioactivo, de los descubrimientos de puntas de piedra, raspadores y rastros de alimentación humana, hallados por el arqueólogo estadounidense J. Bird. En el remoto sur patagónico, no lejos del estrecho de Magallanes, fue ubicado este yacimiento.

Una sucesión de culturas prehistóricas de 8000 y 10000 años de antigüedad, en el Cañadón de las Cuevas, al sur del río Deseado fueron reveladas por el estudio de Osvaldo Menghin.

Los primeros habitantes de la Patagonia, los patagónidos eran de alta talla y complexión robusta. Se guarecían en grutas y cuevas, donde fueron halladas evidencias de arte rupestre, que demuestran la existencia de este grupo humano.

Habitantes del mesolítico, de la clase de los fuéguidos, de baja estatura, lampiños y de cariz mongoloide, como los canoeros magallánicos, se asentaron en el lejano sur de los canales fueguinos, del año 2500 al 1500 antes de nuestra era.Usaban botes y arpones para la caza de mamíferos marinos y acopiaban moluscos.

Características

Al producirse el arribo de los españoles al territorio que hoy ocupa la República Argentina, durante el siglo XVI,  toda la población indígena en la región, no sobrepasaba los 300.000 indígenas. Se encontraban separados en aproximadamente veinte grupos distintos, que cubrían desde los más elementales pescadores, cazadores y recolectores del área de Tierra del Fuego hasta las cuasi civilizadas colectividades agrícolas de los límites sudestes del Imperio Inca.

La presencia de los conquistadores españoles provoco que los pueblos indígenas vieron truncadas sus posibilidades de desarrollar su cultura. Sólo algunos alcanzaron superar los cambios que el devenir histórico les impuso, pero sin lugar a dudas representan buena parte de la esencia de la población argentina actual.

A pesar de diferenciarse lingüísticamente  y en lo referente a sus orígenes étnicos, estaban relacionados por las dificultades que colocaban en riesgo su supervivencia.Dependiendo de las características de las tierras que poblaban, compartían la misma o muy idéntica dieta, al menos el maíz y la carne eran sus alimentos usuales. Idénticos instrumentos eran de uso común, tales como macanas, arco y flechas y boleadoras (en la pampa) y arpones y varas para la pesca.

En cualquier área, la aparición de los aborígenes y sus organizaciones culturales, determinó la posibilidad o imposibilidad, del asentamiento de los españoles. La oposición de los charrúas distraía el desplazamiento de los conquistadores hacia la costa sur del Río de la Plata y después de año 1600, hacia la tierra poblada por los semicivilizados guaraníes. En las cercanías de Asunción; los rivales guaycurúes eludieron que los españoles pudieran habitar el Chaco y que constituyeron la anhelada ruta que asociara a las poblaciones asentadas en el Río de la Plata y en el Perú.

Inconsistentemente, fueron los cultos aborígenes andinos, los que a pesar de ser fieros guerreros, fueron los que proveyeron su preparada mano de obra, que les permitió disponer prósperas poblaciones en el norte y el noreste hoy. A través del siglo XVII, tanto la población aborigen, como la española fue poca, estableciéndose en pueblos muy distanciados entre sí y a veces, totalmente aislados. A pesar de lo cual, pudieron sobrevivir y combinaron su sangre y estilos de vida.

La complicada perspectiva de las variadas agrupaciones culturales de los pobladores originales se podrían resumir separarándolos de acuerdo a su hábitat en poblados aborígenes del Noroeste, Sierras Centrales, Cuyo, Pampa, Patagonia, Neuquén, Chaco, Litoral y Mesopotamia.

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Pueblos Indígenas del Noroeste

La cultura Diaguita fue la más variada y numerosa de las comunidades originarias, y estaba formada por parte del pueblo Diaguita, los Pulares, Luracataos, Chicoanas, Tolombones, Yocaviles, Quilmes, Tafis, Hualfines entre otros. Estas naciones indígenas compartían la lengua Cacá o Cacán, la estructura social y la cosmovisión era idéntica. La cultura Diaguita asumía un 75% de los pueblos indígenas de Argentina a la llegada de los conquistadores.

Pueblos Indígenas de las Sierras

La región de las sierras centrales se compartieron entre los pueblos indígenas Comechingones en el Oeste de Córdoba y el Valle de Conlara en San Luis y los Sanavirones en el Norte de Córdoba. Subsistían de la caza, la recolección y la pesca además del pastoreo de Llamas; sembraban maíz, porotos y zapallos. Adoraban al Sol y a la Luna. La familia prolongada era el núcleo de la comunidad. Un grupo de familias era una parcialidad a cargo de un cacique, cargo seguramente hereditario. Cercas de troncos rodeaban las viviendas que eran de gran tamaño, probablemente para resguardar varias familias.

Pueblos Indígenas de la Zona de Cuyo

La cultura de los Huarpes habito las actuales regiones de San Juan, San Luis y Mendoza. Los Allentiac y Milcayac eran los subgrupos mas importantes.

La casa era de piedra en el área montañosa, y en la llanura se elaboraba con quincha. Adoraban al sol, la luna y al lucero del alba. Eran poblaciones agricultores sedentarios, sembraban maíz y zapallo. Recogían algarroba con la que hacían el patay y la chicha o aloja. También cazaban guanacos, vizcachas y ñandúes; usando arcos y flechas; y las boleadoras.

Pueblos Indígenas de la Región Pampeana y Patagónica

En la Pampa y la Patagonia residieron gran cantidad de colectividades, con tres ramas principales. Los antiguos Pampas también llamados Querandíes, pobladores de La Pampa y Buenos Aires, fueron reemplazados por los Araucanos provenientes de Chile. Los Guenaken o Tehuelches vivían al Norte de la región Patagónica; los Patagones o Chonecas el Sur y los Onas habitaban en Tierra del Fuego.

Los diferentes grupos indígenas pobladores de esta zona tenían características afines. Cazaban liebres, zorros, ñandúes y también pescaban en particular los Onas. Vivían en grupos de familias extensas que constituían conjuntos de un centenar de individuos liderados por un cacique.

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Pueblos Indígenas de la Zona de Neuquén

La cultura Pehuenche estaba ubicada en Neuquén, vivían de la caza y la recolección, estaban reunidos en bandas formadas por familias y creían en un ser supremo que vivía más allá del mar.

Pueblos Indígenas de la Zona del Chaco

En el Chaco, Formosa, norte de Santa Fé, noreste de Santiago del Estero y este de Salta; vivieron los Tobas, Mocovíes y los Abipones. El total de la cultura recibe el nombre genérico de un subgrupo, se los llama Guaycurúes. De orígenes patagónico, fornidos de gran estatura y dentadura incolume. Vestían mocasines y manto de pieles al uso de los Patagones.

Los Abipones, que luego se desvanecieron, vivían en el borde Norte del Río Bermejo inferior. Los Tobas y Pilagaes abarcaban parte de Formosa. Los Mocovíes habitaban en la frontera del antiguo Tucumán. Los Tobas y Pilagaes ocupaban parte de Formosa. Los pueblos Guaycurúes recibieron influjo de los usos y costumbres de las comunidades cercanas y luego de los españoles, pero pelearon para no rendirse al conquistador. A principios del Siglo XVIII adoptaron de los Españoles el caballo y lucharon activamente contra el dominio hispano, asediando las ciudades como Concepción del Bermejo y estancias.

Cazadores y recolectores de frutos silvestres, copiosos en la región. Estaban conformados en un sistema de bandas lideradas por un cacique. Las familias eran monógamas pero a los jefes les estaba autorizada la poligamia. Creían en un ser supremo, creador del mundo. Otros grandes grupos culturales de esta zona eran los Mataco-Mataguayo, los Chiriguanos y los Chané.

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Pueblos Indígenas de la Región del Litoral y Mesopotamia

La cultura Guaraní fue la preeminente de esta región. Eran sedentarios y agricultores. Sembraban sus parcelas por dos años y cuando se consumía la tierra, movían la aldea a otra parte. Habitaban en grandes casas donde se agrupaban varias familias. Creían en un paraíso perdido al que retornarían algún día, guiados por un Chaman o Mesías. Moraban en la zona también los Chaná-Timbú, los Caingang y los Charruas.

Nombres

Pueblos originarios. Destaquemos acá que cuando esto pasó, en el siglo XVI, la totalidad de la población india en el sector, no pasaba los 300.000 individuos (eran los Atacamas, Guaraníes, Calchaquíes, Chanés, Charrúas, Chorotes, Chulupíes, Comechingones, Diaguitas, Guaraníes, Guaycurúes, Huarpes, Iogys, Kollas, Lules, Mocovíes, Ocloyas, Omaguacas, Onas, Pilagás, Tobas (Quom), Quechuas, Ranqueles, Sanavirónes, Selknam, Tapietes, Tastiles, Tehuelches, Tilianes, Tobas, Tonokotes, Vilelas, Wichís y Yamanás).

Se clasificaron luego como los “indígenas o aborígenes originarios”, al identificar en ellos a los originales pobladores de estas tierras. Esto ocurría antes de ser mixogenizados por las variadas comunidades indígenas cercanas que llegaron al país y que en muchos casos sometieron a los nativos, como pasó con la araucanización” de los pampas en el siglo XIX.

Inmigración y mixogenización. Los aborígenes que habitaron luego estos terrenos, se pueden separar en cuatro grandes grupos, clasificados por su ubicación geográfica y las particularidades que le fueron propias. Los comunidades de las llanuras, los pueblos andinos, los del Litoral y los de los montes y de acuerdo a su etnia se los segmenta en 12 grandes grupos raciales y culturales, Estos son:

  • los Omaguacas:  (tillianes, toaras)
  • Atacamas (lules, kollas, ocloyas, chaguanjgos, chichas, chorotes, culupíes, quichuas, vilelas, sanavirones, tonocotes, timbayas)
  • Diaguitas (calchaquíes, capayanes, quilmes, olongastas
  • Huarpes (calingastas, comechingones).
  • Los del Chaco Austral (abipones, mocovíes, pilagás, tobas, agaces, matarás, pestaslupes, salavinos, tapietes, iggys, matacos, guaycurúes);
  • Los del Litoral Mesopotámico (chanás,guaraníes, payaguás, timbúes, mocoretas, tupíes, carios, chiriguanos, charrúas, minoanes, guayanás)
  •  Guaraníes (carios, chiriguanos);
  • Pámpásicos (pampas, querandíes, aucas, salineros)
  • Araucanos (araucanos, boroganos, ranqueles, pehuenches, mapuches)
  • Patagónicos (puelches, yamanáes, patagones, pehuenches, tehuelches)
  • y los de los Archipiélagos del Sur (alcalufes, onas, yaganes).

Todos ellos formados a su vez por una gran numero de parcialidades, separadas de la nación principal, muchas de las cuales se desvanecieron definitivamente entre los años 1700 y 1800.

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De estos pueblos hubo numerosos desprendimientos que a medida que fueron poblando otros lugares, fueron obteniendo otras costumbres que les facilitaron adaptarse y progresar. Los agrupaciones familiares o parcialidades que el investigador Guillermo Alfredo Terrera incluye en un ensayo que elaboró sobre este tema son sesenta y cuatro. Estos son sólo una fracción de la gran cantidad y diversidad de nombres que utilizaban los indígenas argentinos para llamarse.

Estas comunidades ocuparon los siguientes espacios agrupados por regiones:

  • Araucanos, Muluches,  Patagones,  Pehuelches, Pehuenches  y Tehuelches, (Cordillera centro, Cordillera sur y Patagonia).
  • Boroganos, Pampas y Ranqueles (sur de Córdoba, sur de San Luis, sur de Santa Fe, Pampa central y Buenos Aires)
  • Comechingones (centro oeste de Córdoba y noreste de San Luis)
  • Querandíes (Litoral de Buenos Aires hasta la banda norte del río Salado)
  • Sanavirones (noreste de Córdoba y sudeste de Santiago del Estero).
  • Abipones, Mocovíes, Pilagás y Tobas (Chaco Austral)
  • Matacos (noreste de Salta, este del Chaco  y noroeste de Formosa)
  • Andalgalás, Hualfines y Quilmes (Provincia de Catamarca)

No obstante éstos últimos luego se trasladaron a Buenos Aires:

  • Caingás (Norte de Misiones),
  • Chulupíes (norte de Formosa)
  • Payaguás (norte de Formosa y Chaco
  • . Calchaquíes y Diaguitas (noroeste del territorio argentino)
  • Chichas (norte de Jujuy)
  • Omaguacas (Jujuy)
  • Calingastas (San Juan)
  • Capayanes (La Rioja y San Juan)
  • Huarpes (Sur de San Juan y norte de Mendoza)
  • Olongastas (Llanos de La Rioja)
  • Chaguangos (este de Salta)
  • Vilelas (sudeste de Salta). Chanás, Guaraníes, Guayanás, Mataguayos, Minuanes, Payaguás
  • Timbués (Litoral y Mesopotamia)
  • Charrúas (sur de Entre Ríos y noreste de Buenos Aires)
  • Juríes y Tonocotés (Santiago del Estero)
  • Lules (Tucumán)
  • Alacalufes, Onas y Yaganes (Tierra del Fuego e Islas del Atlántico sur)
  • Atacamas (en la Puna).

Población

La institución Nacional de Población, Hogares y Viviendas realizo un censo nacional el cual incorporó la pregunta “¿Alguna persona de este hogar es indígena o descendiente de pueblos indígenas (originarios o aborígenes)?”.

Las respuestas  que se dieron fueron las siguientes:

  • NO
  • IGNORADO

Las respuestas afirmativas (SÍ)  se hacia una nota el cual estaba indicado en el documento el numero de personas por familia y la etnia que pertenecen. Los resultados por pueblo indígena son presentados  fueron por población total del país: 39 671 131 habitantes.

Cultura

Las colectividades aborígenes que vivían en Argentina bastante tiempo atrás, tenían usanzas y estilos de vida distintas entre sí. A la llegada de los españoles estas naciones habían logrado distinto nivel de cultura. Ciertos grupos practicaban el sedentarismo: dependían de la agricultura, cuidaban animales, construían sus casas. Otros eran nómadas: vivían de la cacería de animales, recogían frutos, se mudaban con sus viviendas de un lugar a otro buscando alimentos y un lugar para vivir.

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Lengua

Con diferente fortaleza  y espacialmente repartidas de modo dispar, en Argentina se hablan en la actualidad quince lenguas indígenas:

  • Ava-Guaraní,
  • Aymara,
  • Chané,
  • Chorote,
  • Chulupí,
  • Guaraní,
  • Mapuzungun,
  • Mbyá Guaraní,
  • Mocoví,
  • Pilagá,
  • Q’om (toba),
  • Quechua,
  • Tapiete,
  • Vilela
  • Wichí

Arte

Las manifestaciones de arte indígena más ancestrales de la Argentina son pictografías y se hallan en las paredes rocosas de cuevas y abrigos rocosos que fueron habitados por cazadores-recolectores hace unos 10.000 años.

En la Patagonia meridional se ubica la Cueva de las Manos, sobre el cañadón del Río Pinturas, Santa Cruz, la cual concentra cientos de manos pintadas con técnica negativa (se coloca la mano sobre la roca y se sopla la pintura alrededor).Al igual aparecen decenas de figuras de guanacos, la presa de caza principal del antiguo cazador patagónico y trazos geométricos e imágenes humanas muy esquemáticas. Este ligar ha sido declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad en diciembre de 1999.

Al borde del Lago Argentino, Santa Cruz, se ubica Punta Gualicho, el primer sitio expuesto en la Patagonia por el explorador Francisco P. Moreno. En la punta Noroeste argentina los remotos artistas indígenas igualmente dejaron sus testimonios en el sitio Inca Cueva, sobre la quebrada del mismo nombre, cercana a la localidad y la quebrada de Humahuaca.

En el norte de la región de Córdoba se halla uno de los yacimientos con dibujos rupestres más destacados del país: Cerro Colorado. Hay cientos de sitios en las alrededores del cerro, con más de 30.000 motivos esparcidos en aleros y paredones.

Entre la gran diversidad de figuras se realzan las escenas de lucha entre indígenas, con plumas, arcos y flechas,  y españoles, exhibidos en caballos, con lanzas, espadas y botas. Es uno de los raros ejemplos en el país que ha subsistido del testimonio de la percepción que los aborígenes tuvieron de los conquistadores. La zona del Cerro Colorado ha sido reconocida “Parque arqueológico y natural” por la provincia de Córdoba, y está recomendado como patrimonio de la humanidad de la UNESCO.

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En la provincia de Neuquén, hallamos el dominio de los mapuches o araucanos, llegados desde Chile durante el siglo XVIII.  Eran especialistas en varias artes, destacándose por sus textiles, de complicados y coloridos motivos geométricos. También por su platería, pectorales, colgantes, aros y prendedores utilizados por las mujeres durante las fiestas y ceremonias.

Vestimenta

  • Diaguitas:

La vestimenta no era distinta en mucho de la de otros grupos aborígenes cercanos, ya que usaban la típica “camiseta”, bastante larga, tanto que llegaba mas allá de la pantorrilla. El material con que estaba elaborada era lana tejida, y muchas veces incluía adornos geométricos. En las mujeres, los colores de sus trajes eran vistosos para las solteras, no así en las ya casadas, quienes utilizaban tonos más tenues. El calzado también era parecido a otras culturas aborígenes, y lo conformaba la altamente difundida “ojota”, elaborada en cuero.

Plumas, restos óseos, piedras, metales como el cobre y el bronce en gran medida y, en menor, el oro, fueron los elementos predilectos para sus adornos, que iban desde prendedores y aros hasta vinchas y coloridas pecheras.

  • Atacamas:

Camiseta roja o castaño, uno o más ponchos de lana, faja a la cintura y ojotas, fue su traje, resaltando los colores y pinturas de sus ponchos. Dada la rigurosidad de las temperaturas, utilizaban un gorro que tapaba orejas, nuca y cabeza. Decoraban su cuerpo y ropaje con collares, alfileres, vinchas, brazaletes y pectorales; en componentes como la turquesa, sodalita, hueso, pluma, madera y metal. Se cubrían con una túnica larga hasta las rodillas

  • Huarpes:

Su vestimenta era la típica camiseta andina, sin mangas, y prolongada hasta la rodilla, usada por mujeres como por hombres, calzaban la ojota, componentes que demuestran su andinización.

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  • Comechingones:

Con hueso y concha elaboraban cuentas para collares o adornos para sus trajes. Conocían como hilar la lana de la llama, con la que surcían su camiseta o manta. Las mujeres llevaban una falda larga y una camiseta corta hecha de la ao tela, con adornos de pequeñas conchillas de caracol terrestre. En la cabeza solían ponerse vinchas de lana y otras decoraciones.

  • Guaraní:

Los hombres llevaban su vida cotidiana generalmente desnudos, o se cubrían con un pequeño chiripá o taparrabos de tela que rodeaba la cintura y se soltaba hacia las rodillas. En invierno se ponían sobre los hombros una capa corta elaborada con pieles de animales. Las mujeres tapaban su sexo con una prenda pequeña, de corte triangular, hecha con plumas de aves, y que llamaban tanga.

Cuando arribaron los españoles, las mujeres guaraní canjearon la tanga por el tipoy, especie de túnica fabricada de algodón que tapaba el cuerpo desde los hombros hasta las rodillas; tenía boquete para la cabeza y los hombros, pero sin mangas.

Plumas en brazos, cabeza y tobillos; pinturas y tatuajes; collares de semillas, calabazas, hueso o plumas, eran parte de tantos adornos. Otra decoración era el tembetá, pieza de formas y materiales variados que se implementaba en el labio inferior de los varones. Los guaraní no usaban calzado, andaban descalzos.

  • Charrúas:

Emplazaban sobre sus cuerpos el usual quillango o manto de piel, probablemente en las épocas invernales. El pelo iba hacia adentro, mientras que el lado exterior era decorado con pinturas geométricas. En verano vestían un delantal de cuero o algodón. Conocían como engalanarse con tatuajes en la cara y el cuerpo, adornos en la nariz y el tembetá en el labio inferior. Adicionalmente usaban brazaletes de hueso de pescados, penachos de plumas y vinchas varias.

  • Tehuelches:

Las mujeres vestían una falda que iba desde debajo de los brazos a las rodillas. Les cubría el cuerpo una vuelta y media, y el pelo del cuero se colocaba hacia adentro. Les agradaba usar pinturas en su cuerpo, frecuentemente de color rojo, las que adicionalmente del uso estético, tenían un fin práctico: resguardar la piel del viento y el frío patagónicos. También utilizaban collares y pulseras que hacían con tendones de guanaco, pasto enhebrad, huesos de ave o conchillas lacustres.

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  • Yámanas:

Hombres y mujeres tapaban sus espaldas con un capa de piel, usualmente de foca o nutria. Conocían como usar guantes sin dedos y polainas, prenda de cuero que abrigaba la parte superior del pie y parte de la pierna. Las mujeres, adicionalmente, llevaban un cubre sexo de forma triangular. Habrían adoptado el mocasín ona.

Música

Cada uno de los agrupaciones aborígenes que habitaron el territorio argentino a su manera y en función de sus experiencias y abundancia de conocimientos, generan y siguen generando, un mundo cultural particular. En el espectro musical de los aborígenes, las melodías, danzas y repiques instrumentales cubren requisitos esenciales en la vida de las colectividades. No existen en ellas los expertos musicales: todos cantan y bailan.La melodía indígena también une el saber con las leyes invisibles y los cánones de energía naturales.

Habitualmente, el aborigen se adentraría en lo más profundo de la naturaleza y oiría fuertemente los sonidos de los animales, no solo las voces, sino ademas el aleteo de las aves ó las pisadas de las patas en el suelo. El indígena también percibiría los sonidos del viento, los truenos, los árboles al crujir, y el agua cayendo. Las cualidades de todos estos sonidos fueron exteriorizados por los instrumentos hechos a partir de huesos y materia prima animal. Para el indio, la contemplación de la naturaleza, requiere enseguida un estado de afinidad, lo cuál conduce a una expresión imitativa

Artesanías

Tobas

Todas las tríbus chaquenses sin excepción tiene recipientes de barro cocido. La alfarería es arte practicado exclusivamente por las mujeres. Las “llicas” o “yicas”, eran bolsas tejidas elaboradas por las mujeres chaqueñas; para variados usos, había multiplicidad de formas y decoraciones.

Sanavirones

Fueron buenos alfareros, con estilo similar al de los tonocotés del norte, adornaban con colores negro y gris motivos de formas geométricas, o con impresiones realizadas con fibras vegetales. El hallazgo de gran cantidad de torteros señala el desarrollo de la tejeduría.

Mapuches

La Industria Casapedrense se reconocía por la falta de bifaces y puntas de proyectil. La técnica predominante es la de extracción de hojas y láminas de las piedras, con las que se elaboraban raspadores, raederas y cuchillos con muescas y retoques. Como únicas piezas para arrojar usaban las boleadoras de piedra (algunas con surcadas en el medio). En lo que a arte rupestre se refiere, ha sido asociada con pinturas de conjuntos de guanaco y negativos de manos.

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Pampas

Por los años  1.500 a. C. a 1.600 d. C, estas poblaciones al instalarse cerca de los riberas de los ríos desarrollaron la cerámica y desarrollaron cambios importantes en su estilo de vida.

Guaranies

La cerámica pre-colombina que se elaboraba era rústica y de terracota engobada en rojo, y a veces en blanco y negro; se la realizaba a mano con el sistema de colombín y ciertos grupos le practicaban una adorno incisa antes de cocerla al fuego. Los productos cerámicos que aún siguen elaborando algunos aborígenes son botijos, jarras, macetas, algunas con formas zoomorfas, y cántaros. Los que tienen mayor prestigio por su calidad y belleza son los procedentes de Tobati e Itá

Wichis

Con gran destreza en la técnica textil, utilizaban telares de factura sencilla, al parecer de procedencia andina, para confeccionar ropa. Tejían la fibra de caraguatá con la que elaboraban bolsas para la recolección.

Atacamas

Los indígenas atacamas desarrollaron una destacada artesanía en cerámica y adicionalmente fueron el primer grupo que se inició en el uso del cobre que extraían de Chuquicamata y el oro de Inca Huasi. La hechura del labrado en madera estaba muy aventajada, son reconocidas las “tablillas de ofrendas” para tomar rapé y narcóticos por la nariz, con un mango tallado delicadamente con detalles de humanos y animales e incrustaciones de malaquita.

Diaguitas

El arte diaguita estaba usualmente dirigido a lo religioso. En la alfarería fue el más refinado de las culturas nativas chilenas y argentinas. La cerámica presenta muchos diseños de animales sagrados: ñandúes (anunciador de las lluvias), batracios y serpientes, estas ultimas también asociadas al agua que cae del cielo.

Religión

La religión de las Etnias, grupos y pueblos indígenas de argentina, se basa en el gran respeto por la naturaleza, la armonía de la vida y la creencia que tienen en torno a ambas. De tal forma que escogieron para expresar sus sentimientos y fe religiosos con cuatro elementos esenciales a la vida; Tierra, Agua, Fuego y Aire.

  • TIERRA – (El Ñandú / Sury / Choike)
  • AGUA – (La Rana)
  • FUEGO – (La Serpiente)
  • AIRE – (El Cóndor)

Todos ellos simbolizan algo muy importante y dependiendo de si es tierra, agua, aire y fuego; Es la generosidad, la pureza, la transparencia o nitidez, la energía femenina y masculina, también los sueños y esperanzas.

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Agricultores

Los primeros habitantes llegaron al actual territorio de la Argentina como cazadores-recolectores. Esto significa que esos agrupaciones humanas, no conocían la agricultura. No obstante, hubo un determinado tiempo en el que aquellos grupos que escogieron habitar en el norte del actual  territorio argentino, comenzaron a domesticar animales. En cambio, los pueblos prehistóricos que habitaron la región patagónica, nunca fueron pastores.

Ocloyas

Siembran la tierra empleando distintos terrenos: en los más alejadas cultivan maíz y trigo  y en las más cercanas a sus viviendas, labraban huertas donde cosechan verduras. En algunos casos puntuales trabajan la tierra en forma comunitaria. También realizan labores artesanales en cuero y en lana en forma independiente.

Atacamas

Fue un grupo agricultor y ganadero. Crearon un sistema de cultivos en terrazas para aprovechar la poca agua recibida y eluden el arrastre de la capa del suelo orgánico y fértil. Sus siembras fueron diversas: verduras, tabaco, tunas, maíz y sobre todo papas y quinoa. Fertilizaban sus cultivos con el guano de las aves de la costa, el que llevaban a lomo de llamas. Resguardaban sus cosechas en las huecos de las barrancas, que tapiaban. Quedan restos del muy elaborado instrumental: hachas, palos cavadores, cucharas, ollas, azadones.

Sanavirones

Heredaron de los comechingones la agricultura, principalmente de maíz, que sembraban en vastas plantaciones.

Indios Argentinos Mapuche

Cultivaban papa, maíz, porotos y quinua por el sistema de roza. Los recursos del litoral marítimo y la recolección siguieron siendo de importancia, en particular el fruto del pehuén.

Guaraníes

Seleccionaban tierras aptas para desarrollar su agricultura muy productiva de maíz, mandioca, batata, porotos, maní, calabazas y zapallos, bananas, ananás, algodón, tabaco y muchas hierbas medicinales, cuyos sobrantes promovían grandes fiestas y entrega equitativa de productos de acuerdo a una buena economía de reciprocidad y de dones. Seguramente por influencia de sus vecinos, los guaraníes, practicaban también la agricultura, aunque en pequeña escala.

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Leyendas

La multiplicidad y variedad de pueblos y culturas indígenas de la Argentina son prolíficos en leyendas y mitos, lo cual hace difícil la tarea de hacer un compendio justo de ellas, Es por eso que aquí solo nombramos a un pequeño grupo de las leyendas mas conocidas:

  • Leyenda Mapuche del Diluvio – Kaikay y Tren Tren
  • La Tierra Sin Mal “Ivy Mara He’y”, Mito de la Cultura Guaraní
  • Leyenda Guaraní – Ypa Ka´a.  El Guardián de la Yerba Mate
  • Mapuche / La Machi
  • Los Mocovies y la Constelación de ” La Caza de La Avestruz”
  • Leyenda Chonke> Los Inventos de Elal

Medicina Ancestral

Las culturas primitivas han mantenido ancestralmente una concordia en conjunto con la Naturaleza, entendiendo que de ella obtiene tanto el bienestar del cuerpo como el espiritual. Reconocen las maneras del buen vivir en equilibrio con los ciclos naturales y la energía que recogen de ella, como así mismo de sus frutos que los alimentan y curan de enfermedades. El agua, los vegetales y minerales, constituyen una fuente de salud y alegría en la medida que cada uno de ellos es un elemento más y vivo en la naturaleza como también lo es el hombre.

“El Agua se tiene como un materia viva y por ello debe tomarse de esteros y manantiales, donde corre y se consigue viva y despierta…” (Sabiduría mapuche). Lo mismo para las comunidades andinas que ven en ella y en la tierra (Pachamama ) una energía hacedora y vital como la madre que mantiene a sus hijos.

No obstante cuando se pierde la armonía, el ser humano se enferma y se debe invocar a los sabios y a los conocimientos que se tienen para reponer la salud perdida. Este conocimiento estará unido al uso del agua, las hierbas y las terapias que se logran con la asistencia de chamanes o médicos que con rituales, música y compuestos naturales logran restablecer el equilibrio perdido.

 

Tríbus

Se han registrado innumerables pueblos originarios y de distintas agrupaciones en  territorio argentino, de los cuales a continuación solo pasaremos a considerar en profundidad aquellos que han tenido mayor relevancia. Esta relevancia esta en función de la representación que ellos destacan de sus costumbres y estilos de vida y no de su datos demográficos o del espacio territorial que ocupen:

Indios Tobas

Caza, pesca y recolección eran la base de la economía de los indígenas Tobas. Su estructura social giraba en torno a “bandas” compuestas por la unión de diversas familias de gran tamaño. Las bandas se movían por territorios más o menos claros, según variaban los ciclos ecológicos. Las tríbus eran componentes políticos menos delimitados que unen varias bandas aliadas alrededor de un mismo dialecto y a relaciones parentales de canje matrimonial. El liderazgo de un cacique podría traspasarse en herencia, con el requisito de que el elegido debía dar señales de habilidades únicas para la caza y la pesca o para la cura de enfermedades.

Los grupos sociales tenían gran naturalidad y de acuerdo a los contextos históricos se unían o separaban. Con la domesticación del caballo en la segunda parte del siglo XVII , agregada a la influencias andinas y amazónicas, se generó una mayor rigidez social.

De acuerdo a su distribución territorial, podemos catalogar los siguientes grupos:

  • Sheu’l’ec: habitante del norte o sheu
  • Dapigueml’ec: habitantes del oeste o dapiguem, del cielo o arriba
  • l’añagashec: perteneciente a tierra firme o al sureste o l’añaga
  • Tacshec: pertenecientes al este o tagueñi
  • Qollaxal’ec: habitantes del sur o qollaxa

Sanavirones

De origen selvático se consideran gracias a sus características culturales, presumiblemente de antepasados que por la región del Litoral atravesaron el sur del Chaco y se establecieron en territorio Sanavirón. Al arribar a las Sierras Centrales, constituyeron un sincretismo cultural con los Comechingones, transitando a una estilo de vida sedentaria, agrícola y alrededor de la cual giró la organización de su comunidad. Eran de tamaño mediano, lampiños y de tez oscura, los españoles los denominaron “negros” y vestían camiseta andina y gorro.

Por sus costumbre selváticas, eran excelentes cazadores y pescadores. Realizaban el pastoreo de llamas. Al igual que los comechingones, construían refugios semisubterráneos, aunque desarrollando algo más que sus habilidades constructivas, levantaron viviendas más grandes y con estacas clavadas en la tierra y techo de paja dieron inicio a los ranchos.

Dada las particularidades de las viviendas se asume la existencia de la familia extensa como entidad mínima de la comunidad. Se agrupaban en parcialidades por aldeas de hasta 40 unidades cubiertas con cercos de cardones; usanza que aún persiste en ciertos sectores del campesinado que separan sus parcelas con cactus.

Agregado al arco y flecha utilizaban la macana, una tipo de garrote con una protuberancia en su punta superior. Al arribo de los españoles, estos grupos de fuerte temática guerrera estaban intimidando el hábitat comechingón en un a tentativa por desplazarlos. El esquema de encomienda, al que fueron obligados por el conquistador, junto a las enfermedades, hicieron estragos entre los Sanavirones hasta extinguirlos.

Los Quilmes

De acuerdo al jesuita Pedro Lozano, los Quilmes (“kilme” en kakán denota”entre cerros”) venían de Norte Chico (Chile). Algunos historiadores no están de acuerdo con esto último, lo verdadero es que a la época de la conquista española, habitaban el Valle Calchaquí en el oeste de la actual región de Tucumán alcanzando el sur del Valle Yocavil.

Fueron valientes combatientes que opusieron fuerte resistencia a los españoles, quienes para mantener sus territorios realizaron el traslado de 200 familias (unos 2.000 nativos), para que se creara con ellos una Reducción que se establecería en la ribera del Río de la Plata. La caravana de nativos salió en 1665, haciendo durante un año y medio un trayecto de más de 1000 kilómetros. Después de numerosas pérdidas en la travesía llegaron al destino establecido en 1666, fundando a mitad de agosto la “Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Indios Quilmes”.

El repentino cambio de hábitat, ocasionó la aniquilación de esta cultura. El 14 de agosto de 1812 el Primer Triunvirato argentino “manifiesta extinguida la antigua Reducción de ha Exaltación de la Santa Cruz”, en su lugar se creo una pujante ciudad del gran Buenos Aires: “Quilmes”.

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Indios Argentinos Mapuches

Mapuche (“Gente de la Tierra”), y su hábitat se conoce así: hasta su crecimiento hacia el este de los Andes en los siglos XVII y XIX, ocuparon la zona Sur de Chile, desde el río Itata hasta los bosques pantanosos de Mahuidanche – Lastarría, al sur del río Toltén. En los primeras relatos de la conquista figuran como un pueblo muy cuantioso.

Efectuaban la ganadería domesticando al chiliweke, un camélido diferente a la llama, de filiación genética aún no muy clara, llamado “carnero de la tierra” por los españoles: la posesión de un rebaño otorgaban a su propietario gran prestigio. Los perros también fueron una especie destacada como medio de intercambio y alimento.

El núcleo social estaba compuesto en base a las familias grandes con vínculos de relación patrilineales que reconocían sus raíces en ancestros míticos. Su comunidad no estaba jerarquizada, siendo de tipo igualitario. Sus poblamientos estaban disgregados y en general eran móviles.

Los Pampas

Pertenecían a los Guenaken, el sector septentrional del grupo Tehuelche, por ello eran cazadores nómadas, con estructura y cosmovisión idénticas. A pesar de ello, tenían particularidades peculiares, resultado de las interacciones y características que les ofreció la pradera pampeana. Lo mismo pasó con los integrantes más boreales, los Querandíes, que estuvo bajo la influencia de las culturas del Chaco y el Río de la Plata.

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Los Pampa” (en quechua “campo”), fue el gentilicio que le otorgaron los españoles a las pobladores de la llanura. “Puelche” (“gente del este”), es el nombre que usan los mapuches para llamar a los grupos que residían en esa geografía. A inicios del siglo XIX, la antigua población que hasta entonces mandara en la inmensa llanura comenzó a desvanecerse, ocupando su lugar otra de caracteres diferentes y de estirpe Araucana o Mapuche. Sea por tradición o por tener el mismo hábitat, la colectividad nueva siguió siendo llamada “Pampa”.

Grupos pre-araucanos (Het). Clasificación de Thomas Falkner:

  • Taluhets: Este del río Desaguadero, al norte de la llanura en la zona más húmeda. En esta división se incluyen a los Querandíes.
  • Diuihets Al oeste, en las zonas más secas.
  • Chechehets Región este de los ríos Colorado y Negro.
  • Leuvuches Región oeste de los ríos Colorado y Negro.

Grupos post-araucanos “Pampas del siglo XIX”

Al inicio, los Araucanos formaron núcleos aislados, a veces enemigos, pero una vez conquistado el territorio, se unieron. No formaron una nación con un jefe único, pero se distinguían los siguientes grupos:

  • Vorogas: Grupo mapuche originaria del área comprendida entre los ríos Cautin y Toltén. Para 1825, arribaron a Argentina; tras malonear en el sur de Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y el oeste de Buenos Aires, se instauraron en Salinas Grandes (La Pampa), Guaminí y Carhué (Buenos Aires).
  • Ranqueles: Su relación cultural se asimila con la del grupo Pehuenche, que para la fecha de su migración (fines del siglo XVIII) se hallaban vigorosamente araucanizados. Se asentaron entre los ríos Quinto (sur de Córdoba y San Luis) y Colorado (sur de La Pampa), su núcleo más importante fue Leubucó (norte de La Pampa).
  • Puelches: Habitaron la parte de la cordillera y el área que aparece entre el norte del río Diamante y el Limay por el sur.

Los Guaraníes

En el medio de América del Sur se había establecido, tras lentos desplazamientos de América Central, un grupo racial con una gran superficie territorial: los Tupi-Guaraní. Antes del comienzo de la Era Cristiana, se origino un movimiento migratorio que ocasiono una escisión. De un lado los tupies se desplazaron hacia la costa atlántica buscando el norte, siguiendo el curso del Amazonas y sus tributarios. Y por el otro lado, los guaraníes se desplazaban hacia el oeste y sudeste, siguiendo el valle del Río de la Plata.

Los guaraníes, utilizando canoas y balsas para navegar los ríos, seleccionaban un lugar para posicionarse que debía obedecer los requisitos del típico “paisaje guaraní”: terrenos atravesados por ríos, de bajas alturas y temperaturas templadas. Hablamos de pueblos migrantes, lo que no significa decir nómadas sin hogar fijo.

Luego de continuas migraciones que se extendieron a través de siglos, sus terrenos ocupaban una inmensa región del litoral que se extendía entre el río Tieté al norte, alcanzando hasta territorios hoy uruguayos. Internándose a través de los valles de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, posicionándose en territorios paraguayos, sureste boliviano y el norte argentino donde adicionalmente llegaron a poblar las islas del delta bonaerense.

Wichis

Las colectividades estaban conformadas por un cantidad no muy grande de familias y eran dirigidos por un cacique de liderazgo relativo. La familia monogámica era la base de la comunidad, a pesar de que los jefes usualmente tenían más de una esposa. Cada grupo tenía su espacio de caza, la propiedad era colectiva.

Su economía la basaban en las actividades pesqueras, de caza y recolección. Tuvieron una alta capacidad de desplazamiento, transitaban circuitos cíclicos, en verano (época de abundancia de recursos): vainas de algarroba, peces, etc. Sucedían encuentros entre bandas, instantes de gran actividad social, con pactos, alianzas, intercambios y fiestas rituales; en invierno: la reducción de recursos causaba la separación de las bandas.

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Antiguamente habitaban en chozas en forma de cúpula, con el tiempo la sustituyeron por otra elaborada con cuatro postes de palo santo con paredes y techos de ramas y barro. Una única habitación donde pernoctaba toda la familia. La vida ocurría bajo un algarrobo, siempre cercano a la vivienda. Para la caza usaban trampas, para la pesca una vara de unos 5 metros de largo en cuyo extremo disponían un arpón.

Guerras disputaron con otras tribus chaqueñas (nivaclé, tobas, pilagás) con quienes concordaban los mismos códigos: apoderarse de las cabelleras o cráneos del enemigo. Replicaban generalmente a vengar la muerte de algún familiar o a complacer el deseo de los guerreros por recibir reconocimiento y prestigio. El jefe guerrero cumplía un papel central, el kanyát reproducían la expresión superior de potencia y poder, de tal manera que si resultaba muerto en el encuentro, sus guerreros dejaban la contienda.

La conquista de los españoles, iniciada en el siglo XVI, cambió radicalmente su sistema de vida. En el siglo XVII anexaron al caballo que trajeron los europeos al mismo tiempo que se ejecutaban copiosas expediciones militares contra ellos.

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Atacamas

Las comunidades que vivían en el desierto de Atacama (Sur de Bolivia y norte de Chile y Argentina), obtuvieron de los españoles el nombre de Atacamas o Apatamas. Hablaron la lengua Kunza o Kunsa (“Nuestro”) antes de la exigencia del aymara, quechua y español. Sobrevivió con ellos hasta las iniciales décadas del siglo XX, hoy supervive en rituales, ceremonias y en la toponimia del lugar.

Residían en habitaciones rectangulares pequeñas, hechas de piedras, con techo a un agua de paja y barro, por el cual penetraban con escaleras de mano. Las construcciones de mayor tamaño eran con fines ceremoniales. El formato de asentamiento era por un lado el poblado y por otro las defensas.

Aplicaban la deformación craneana y dentaria. Criaban llamas y alpacas por su carne, su lana y como sistema de carga y transporte. La sal era uno de sus bienes más reconocidos. Lo transaban por las cerámicas del área diaguita y peruana y por valvas de moluscos del Pacífico a través de la puna chilena.

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