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Se considera que la invasión española del Perú comenzó el 16 de noviembre de 1532 cuando un poder incaico se reunió en Cajamarca con los conquistadores españoles conducidos por Francisco Pizarro, no mucho después de la finalización de la guerra entre los dos reyes a la posición de soberanía inca, Huáscar y Atahualpa (descendencia del Inca Huayna Cápac).

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Francisco Pizarro

Francisco Pizarro González es nativo de Trujillo, fue un conquistador español que,  y a principios del siglo dieciséis (XVI), creo el esfuerzo que iniciaría la Conquista del Perú. Más tarde sería nombrado pionero directivo de Nueva Castilla, con sede de gobierno en la Ciudad de los Reyes.

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Se identifica con saber cómo restringir el Imperio Inca con la ayuda de algunos cacicazgos de la zona, destronando el expreso extraordinario de referencia tardía cuyo propósito de asamblea de gobierno se resolvió en Perú. Además la construcción de una dependencia española que confió en él ya que tenía el título de Marqués, era verdaderamente “marqués sin marquesado”.( Ver articulo: cultura inca)

Después de la libertad de la Corona de Su Majestad el Rey, sus parientes tuvieron el título de Marqués de la Conquista, pero con el nombre de Atavillos, en cualquier caso, es completamente posible que su calidad constante a la Corona pareciera como honores permitió el título de Marqués de los Atavillos, siendo este el título utilizado por el registrador Francisco López de Gómara en su Historia General de Indias, parte CXXXII.

En su libro Crónica del Perú, fue implícito como marqués de Pedro Cieza de León. Por su vecindario se le conocía como Apu (‘jefe’, ‘señor’, ‘general’) o Machu Capitán (‘antiguo líder’).

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Invasión Española del Perú

Justo antes de la invasión española del Perú, quienes comandaban eran los incas, personas guerreras y contundentes que desde mediados del siglo XV se habían extendido asombrosamente  a lo largo de la zona, construyendo un Imperio o Tahuantinsuyo, que iba desde la actual Colombia hasta Chile, siendo lo más expansivo que haya existido en la América prehispánica.

Al mando estaba el soberano inca que se había unido al poder sobre todo lo que estaba dentro de los propósitos de restricción de su dominio, ubicado en la capital de Cuzco. Después de la muerte de Inca Huayna Cápac en 1525, dos de sus jóvenes fueron vistos como receptores genuinos de su espacio: Huáscar y Atahualpa. El primero estaba relacionado con la bondad de Cuzco y el segundo con el de Quito. (Ver articulo: el ayni)

La guerra normal estalló y después de 3 años de duras batallas, Huáscar fue tomado prisionero y ejecutado de acuerdo con la demanda popular de su pariente Atahualpa, quedándose con todo el control inca hasta el punto en que no mucho después lo perdió en la ciudad de Cajamarca, donde Fue hecho prisionero en la invasión española del Perú comandado por Francisco Pizarro.

Los indicios fundamentales de la cercanía de Perú fueron a través del conquistador Núñez de Balboa, quien escuchó a los jefes nacionalizados de Comogre hablar sobre esos ricos espacios dispuestos hacia el sur y que simplemente se abrieron a través de un mar extraordinario aún no encontrado el (Mar del Sur) y que él mismo descubriría no mucho después, en 1513.

El Capitán Francisco Pizarro quien, inmediatamente después de un tiempo, también escuchó a un par de caciques hablar sobre paisajes ricos que se encontraban en una dirección del sur, sin embargo, al instante fue básicamente difícil hacer intentos  de investigación sobre esa zona  por no contar con personas adecuada en la costa del Pacífico.

Exactamente cuándo Francisco Pizarro se fue con 180 hombres y treinta corceles de guerra de Panamá para llegar al Perú, su procedimiento fue evitar las confrontaciones, emboscar los pueblos, atacar a sus habitantes para que se escapen y detener a los jefes y así poder controlar a la gente.

Pizarro logró llegar al Perú en el momento en que estaban en guerra de movimientos civiles, por la eliminación de Huáscar, y parientes de Atahualpa, los españoles les hicieron un atentado, lo que les hizo creer que vinieron a ayudar a Atahualpa contra sus enemigos.

Después de que los españoles tomaron al prisionero inca, su organización fue emboscada y acecinados, y poco tiempo después actuaron contra las grupos indefensos, y los hombres de Pizarro, mataron a 7.000 indios, lo que demuestra la maldad de esos guerreros.

Los incas se sintieron intimidados ante el arcabuz, que sonaba como un trueno, por lo que creían que los intrusos eran parientes del Sol, la calidad de las espadas, pensaban que eran barras impecables y antes de que las armas se lanzaran al suelo creyendo que el cielo se estaba hundiendo. La poca protección de los cuerpos de los guerreros eran como algodón y, por lo tanto, inadecuadas para las armas europeas.

Los compromisos asumidos para la realización de nuevos espacios se dependieron de permitir por un impacto majestuoso a un gerente, que se encargó de la tarea inscribiéndose sin ningún otro registro individual y se refiere a los oficiales, tropas y marineros, contendientes de fortuna que fueron renumerados como lo demuestra Los triunfos de la tierra y el oro o las riquezas se apoderaron.

Las embarcaciones, las armas, los caballos y la intendencia fueron cultivados por la responsabilidad de los especialistas legalmente vinculantes que contribuyeron con su propio equipo, o por la contribución de la gente de negocios para recoger lo que los cautivó, que necesitan ser culpados por las tierras vencidas.

Primeros intentos de llegar al Perú

Este es el método por el cual el istmo de Panamá avanzó para llegar a ser, honestamente, el conjunto del logro y la colonización de América del Sur. Balboa fue nombrado Adelantado de la Mar del Sur (1514) y organizó un proyecto para avanzar a lo largo de las orillas del Mar del Sur. En consecuencia comenzó a hacer una fuerza naval.

Pero desafortunadamente, este proyecto no llegó a buen término, ya que cedió ante los intereses que sus adversarios pensaban contra él desde España. De hecho, el rechazado del genuino Enciso, luego de ponerse en contacto en España, mostró su disputa ante el gobernante, luchando contra Balboa luego de que no hubiera tenido la fuerza de trabajo para expulsarlo como pionero del lobby de la ciudad.

La Corona, resonando las solicitudes de Enciso, eligió a Pedro Arias Dávila o Pedrarias como pionero autoritario de los nuevos terrenos derrotados. Llegó al pionero de un esfuerzo de más de 2000 hombres, el más diferente y completo que había dejado España para el Nuevo Mundo.

Pedrarias, hombre salvaje e inteligente, exploró la mejor manera de lidiar con sacar a Balboa; finalmente, lo apuntó con el dedo hacia la trampa y le pidió que lo atraparan. Esta petición fue cumplida por un piquete bajo el mando de Pizarro.

Balboa fue recuperado en La Antigua, donde Pedrarias y el pionero del lobby de la ciudad, Gaspar de Espinoza, animaron su cartilla, siendo condenado a muerte y guillotinado en Acla (1519). Este fue el final sin esperanza del pionero del Mar del Sur, que había perseverado. Él tendría, sin lugar a dudas, transformado en el pionero y vencedor del área inca.

Pedrarias terminó la insondable centralidad que tendrían el Mar del Sur o el Océano Pacífico para futuras exposiciones y triunfos, y trasladó la sede de su gobernación a Panamá, que construyó así el 15 de agosto de 1519. Desde allí, esta Villa, que obtuvo el famoso título de ciudad en 1521, se transformó en el mejor enfoque para la correspondencia con el Pacífico y el pasaje por el que Perú ingresaría. Nombre de Dios era el puerto destinado a conectarla con el Atlántico.

La noticia de la proximidad de un Imperio con una enorme riqueza en oro y plata, afectó definitivamente la mentalidad de los guerreros españoles y dio la conclusión a la disponibilidad de emprender nuevos rumbos. En 1522, Pascual de Andagoya fue el primero en tratar de hacer este compromiso, de todos modos su cruzada se completó en un total desastre.

Fue indiscutiblemente de Andagoya que los paisajes que se encuentran más al sur del Golfo de San Miguel (sureste de Panamá) se llamaron Biru (palabra que más tarde empujaría a ser Perú). El comienzo de esta palabra es oscuro; tal vez era el nombre de un cacique que dirigía una pequeña área en la actual orilla del Pacífico colombiano, un nombre que los soldados españoles, en conversaciones podría conectar bien con todo el Levante, ya que ese lugar también se conocía con este nombre.

Socios de la Conquista

Para 1523, el conquistador extremeño Francisco Pizarro estaba en Panamá como un vecino esencialmente afortunado, como todos y cada uno de los ocupantes españoles en Panamá. Comenzó a identificarse con su más querido compañero, el capitán Diego de Almagro, sobre la probabilidad de lidiar con una cruzada contra el tan conocido Biru.

Ambos fueron guerreros extraordinarios y rudos con inclusión de triunfo de Tierra Firme. La asociación se realizó en 1524, incluido un tercer asistente, el ministro Hernando de Luque, que debía entregar el capital principal a la asociación. Los compromisos de la cruzada fueron compartidos: Pizarro lo arreglaría, Almagro estaría a cargo de los suministros militares y de sustento, y Luque sería responsable de los activos y del plan de juego de la asistencia.

Quedaron en un acuerdo en que todas las ganancias se dividirían en tres partes iguales para cada uno de ellos, y que ninguno tendría una perspectiva más favorecida que otra. El resumen histórico tiende a creer que Pizarro tuvo una modesta fortuna, con la cual se aventuro a realizar de manera elocuente los viajes. Él y Almagro esperaban relacionarse con un pastor poderoso, Hernando de Luque, que en ese momento era sacerdote de una ciudad de Panamá.

Se hace referencia a un cuarto “socio secreto” el guía legal Gaspar de Espinosa, que no quiso presentarse directamente, sino que fue el operador certificable de las batallas, utilizando a Luque como algo que no vale la pena mencionar y que les financiaba 20.000 pesos. Esto seguramente fue la circunstancia, a la luz del hecho de que ninguno de los socios escogió los ejercicios de forma independiente.

Solo más tarde, después de que comenzara el triunfo de la conquista de Perú, Pizarro tomaría decisiones de lucha o ejercicios militares y definitivos, beneficios de su circunstancia como jefe administrativo de Nueva Castilla, concedida por la corona española a través de la Capitulación de Toledo, apartada en 1529.

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Viajes de Francisco Pizarro

Pizarro en su estadía en la Península Ibérica aprovevho para visitar Trujillo, donde creció, donde se reunió con sus parientes Gonzalo, Hernando y Juan, a quienes convenció para unirse a la asociación de conquistadores, con quien organizó su tercer viaje y finalizó el logro del Perú.

Agregó cuatro embarcaciones: tres embarcaciones y una zabra con destino a capitán, de todos modos fue un problema para él reunir a los 150 hombres requeridos por uno de los anuncios de la capitulación. Sin embargo, Pizarro entendió cómo evitar los controles de los especialistas y el 26 de enero de 1530, el último día del período, continuó a bordo de la cabeza, cruzando desde Sanlúcar.

El intercambio de embarcaciones de agua, bajo el encabezamiento de su pariente Hernando, lo siguió más tarde, convenciendo al factor (inspector) de la Casa Contratación de Sevilla de que tenían más de 150 hombres. Verdaderamente no pasaron tanto como ese total.

Después de un viaje sin problemas, Pizarro se reunió en Nombre de Dios, donde conoció a su asistente Almagro, quien, claramente, recibió con frustración la noticia de la pareja de derechos que obtuvo para él en la capitulación, a la inversa de los títulos y poderes que Pizarro le otorgó. A este error se le incorporó el aura prepotente de Hernando Pizarro, el más conflictivo de los familiares Pizarro. Almagro incluso pensó en separarse de la sociedad, pero Luque se propuso, en poco tiempo, adaptarse a los dos accesorios.

De Nombre de Dios, los tres accesorios y sus hombres fueron a la ciudad de Panamá. Comenzaron los cursos de acción. En medio de ocho meses, de abril a diciembre de 1530, los soldados seleccionados terminaron sus preparativos militares, Pizarro entendió cómo recolectar tres embarcaciones de agua que equipó con todo lo necesario para hacer la “entrada” definitiva al Perú.

El 28 de diciembre de 1530, la gente de la empresa escuchó la misa en la asamblea de La Merced en Panamá. Fueron 180 paseando y 37 a caballo (datos de Jerez). Se establecieron para establecerse, pero esperaban demorar dos o tres días más para dar su consentimiento a los cursos de acción que requerían el compromiso de traer oficiales certificables.

Pizarro finalmente salió de Panamá el 20 de enero de 1531, con dos pontones, dejando el otro barco en el puerto bajo la dirección del Capitán Cristóbal de Mena, con el recado de seguirlo más tarde. Como en ocasiones anteriores, Almagro se quedó en Panamá para dar todo lo necesario para el esfuerzo.

Después de 13 días de curso (datos de Jerez), Pizarro se reunió en la bahía de San Mateo, donde avanzó hasta llegar. Los expedicionarios recorrieron las severidades del entorno tropical, la creación de los arroyos, el anhelo y las contaminaciones tropicales. Encontraron algunos pueblos indios abandonados, y en uno de ellos, Coaque, permanecieron un tiempo, encontrando oro, plata y esmeraldas, en algunas sumas extensas.

Pizarro despachó las tres embarcaciones con tanta riqueza para llenar como una chispa para los españoles, dos de ellas fueron a Panamá y una a Nicaragua. El procedimiento dio resultados, las embarcaciones regresaron de Panamá con treinta soldados de infantería y veintiséis jinetes, mientras que en Nicaragua, el Capitán Hernando de Soto, ansioso por ver los precedentes de oro, comenzó a seleccionar personas para irse a Perú.

La mercancía encontrada en Coaque era, para entonces, el comienzo de la motivación para llevar a cabo el Perú. En Coaque, una gran cantidad de oficiales de Pizarro desaparecieron con una enfermedad extraña que llamaron bubones, debido a los tumores que se desarrollaron en su piel, algo que declaró un par de pérdidas espantosas.

Pizarro dejó Coaque en octubre de 1531. Continuando con el sur, comenzó a atreverse a todos los aspectos de la actual orilla del Ecuador. El cabo de Pasao o Pasado, involucrado por indios guerreros y devoradores de hombres, experimentó el sonido de Caráquez, donde expusieron a todas las personas aniquiladas, que permanecieron encallados.

A toda esa región los ensayistas lo llaman Puerto Viejo o Portoviejo. Para entonces, experimentaron Tocagua, Charapotó y Mataglan; en este último se reunieron con Sebastián de Benalcázar, quien comenzó en Nicaragua y fue organizado por 30 hombres especialmente equipados, con doce monturas, todos los cuales se unieron a la empresa de Pizarro (noviembre de 1531).

Un breve lapso más tarde experimentaron Picuaza, Marchan, Manta, Punta de Santa Elena, Odón, hasta la sección del Golfo de Guayaquil. El anhelo y la sed continuaron reprendiendo a los expedicionarios, de todos modos ya estaban cerca de los pasajes de la zona inca.

Viaje de Hernando Pizarro a España

El 12 de junio de 1533, Hernando Pizarro se retiró de Cajamarca, con destino a España, encargado de transmitir lo que hasta el momento en que ese día había sido confinado desde el Quinto Real, Francisco Pizarro fue así liberado de un campeón entre los más serios. Protecciones de la vida inca; sin lugar a dudas, propuso terminar con el problema que infería la facilidad correccional de Atahualpa.

Hernando se reunió en San Miguel de Tangarará; Allí se puso en camino para tratar con Panamá. Convergencia del istmo, partió una vez más, corriendo hacia Sevilla, España. La primera de las cuatro embarcaciones se reunió en Sevilla el 5 de diciembre de 1533, con los españoles Cristóbal de Mena y Juan de Sosa (pastor de la Orden de La Merced); el oro y la plata que se agotaron de dicho envío indicaron 38,946 pesos.

El 4 de enero de 1534, la nao Santa María del Campo llegó y se aseguró en Sevilla, donde quedó Hernando Pizarro. Llegó con 153,000 pesos de oro y 5,048 viviendas de plata. Todo lo que traía del Perú se guardaba en la Casa de Contratación de Sevilla; desde allí fue trasladado al condominio del rey de España.

Finalmente, el 3 de junio de 1534, llegaron los otros dos, donde estaban listos Francisco de Jerez, primer secretario del congresista Francisco Pizarro y Francisco Rodríguez; Estos naos fueron desembarcados, 146,518 pesos de oro y 30,511 indicaciones de plata. Villanueva dice que la base total tocada por las cuatro embarcaciones de agua se estimó en 708,580 pesos.

El peso y el castellano eran prácticamente monedas idénticas; De todos modos cada uno era comparable a 450 maravedíes. Simplemente el oro fluido (transformado en barras y diversas piezas) fue considerado en 318,861,000 maravedíes. La plata fluida valía 180,307,680 maravedíes.

Muerte de Francisco Pizarro

El 26 de junio de 1541, Francisco Pizarro fue asesinado salvajemente en su vivienda imperial en Lima por personas que alguna vez fueron sus propios cómplices especiales. Compuesto por la descendencia de Diego Almagro, de nombre prácticamente idéntico, los camaradas españoles conjuraron una noche cálida de Pirú luchó, emboscar a un Pizarro que luchó valerosamente con más de veinte empujes de espada, absurdamente, como dicen los grabadores, que dieron “tal cantidad incontable”.

Heridas y empujones que completaron matándolo con uno de ellos en la garganta”. A decir verdad, hasta el triunfo, Pizarro hizo ventajas para que algo así sucediera. Asegurarse de que el espacio inca no era en absoluto fundamental, y fue conmovido por las leyendas que recibí de Panamá sobre los distritos más extremos del sur. Coordinó con Almagro, quien puede requerir de igual modo el oro que realmente sería saqueado en escenas como Cajamarca, mientras obtiene un pionero inca en el grado de Atahualpa.

En cualquier caso, la invencibilidad y el sentimiento de responsabilidad por los espacios vencidos provocaron la distinción de Pizarro y Almagro. Sin ver que todo tenía un lugar con la corona española, combatían por espacios que habían avanzado hasta el punto de estar completamente aislados. En el conflicto de las Salinas, un compromiso de reuniones, Pizarro tuvo sentido de cómo hacer que Almagro y de darle un puñetazo a la muerte. Para entonces colgó su cuerpo ejecutado en una plaza en Cuzco.

A pesar de que las pesas no se desvanecieron, la descendencia de Almagro aplacó a su padre en varias solicitudes, excepto por los avales que Pizarro le impuso; y un día, conmovido por el desdén y el lamentable refinamiento de las valoraciones sobre el triunfo, imaginó el plan del juego, de modo que la noche del 26 de junio, el poderoso Pizarro fallece a los 65 años de edad, asesinado por un grupo social de españoles.

Poco después, el pro de Lima se vio obligado a comunicar a los descendientes del pionero administrativo de Almagro en Lima, independientemente de la forma en que eso no sirviera para ayudar a la guerra normal entre los vencedores que se habría dado de baja.

Muerte de Atahualpa

La noche del 26 de julio, Atahualpa fue llevado al punto de convergencia de la plaza Cajamarca. Incorporados por los guerreros españoles y el sacerdote Valverde, lo colocaron junto a un baúl atascado en medio de la corte y le entregaron troncos a sus pies.

Un español se acercó con una luz encendida, y Atahualpa, viendo que lo asesinaran, quedó aterrorizado, ante ese hecho, según la religión inca su cuerpo debe ser bendecido para recibir su restauración en el otro mundo, que no sería posible en caso de que fuera destrozado por las explosiones. Para entonces, conversó con Valverde, quien le ofreció la decisión de ser purificado a través del agua como cristiano y poco tiempo después fue ahorcado en el terrible garrote.

De esa manera tu cuerpo podría ser asegurado, Atahualpa reconoció y allí fue bendecido a través del agua con el nombre cristiano de Francisco. Para entonces lo amordazaron. Al día siguiente, la reunión de Atahualpa fue expulsada de la picota y tomada con un apoyo notable de la asamblea para mendigar los entornos de trabajo de los despedidos y dar un entierro cristiano.

El cuerpo se mantuvo en un catafalco antes de la región poco común de la directriz y los religiosos españoles (entre ellos Valverde) cantaron las peticiones de la costumbre. En la asamblea estaban todos los españoles, incluido el gobernador Pizarro, que se lamentaba por la administración de internamiento de un gobernante. Todos preguntaron por el hombre muerto.

Como lo demostró el ensayista oficial Miguel de Estete, en medio de la capacidad de un asunto social de mujeres formadas por hermanas, compañeras de vida y empleadas de Atahualpa, ingresaron a la reunión y se ofrecieron a cubrir las arrugas del gobernante muerto, ya que esa era la costumbre en la administración de un inca.

Los españoles se refirieron a que Atahualpa había fallecido como cristiano y que esta costumbre era contraria a las lecciones del cristianismo. En cualquier caso, las mujeres no se adaptaron. Se mordieron las muñecas, se rasgaron los pechos y, en conclusión, se asesinaron con su propio pelo. Pizarro abandonó la asamblea para poner orden y rechazar más suicidios.

Atahualpa estaba envuelto en el conjunto de Cajamarca, de todos modos, dos o tres días después, su cuerpo desapareció. Con toda probabilidad sus súbditos tomaron el cuerpo para salvarlo y cubrirlo. De acuerdo con el razonamiento estándar, al mantener a su momia se mantiene el deseo de su entrada.

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