Reseña de la novela Cabalgando entre dos tiempos, de Nuria Alonso Garcés

Las épocas de transición suelen ser especialmente complejas para quienes las viven desde dentro. Son momentos en los que las certezas heredadas dejan de funcionar, mientras que las nuevas ideas aún no han terminado de consolidarse. Esa sensación de estar suspendido entre dos mundos, sin pertenecer del todo a ninguno, es el núcleo temático de Cabalgando entre dos tiempos, una novela histórica que aborda con sensibilidad la experiencia íntima de vivir en un periodo de profundas transformaciones.

El título resume con precisión el conflicto central de la obra: cabalgar entre dos épocas, avanzar sin un rumbo completamente definido. Faustino de Garay, el protagonista, encarna esa tensión de manera constante, tanto en su vida personal como en su trayectoria política y militar. Su historia se desarrolla en una España convulsa, situada entre el final del siglo XVIII y los primeros años del XIX, un país marcado por guerras, cambios ideológicos y una profunda inestabilidad social.

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La memoria como punto de partida

La novela se articula como un ejercicio de memoria. Desde Madrid, ya en la madurez, Faustino mira hacia atrás y reconstruye su vida con una mezcla de lucidez, melancolía y honestidad. No pretende justificarse ni reescribir el pasado a su favor. Tampoco busca reconocimiento ni absolución. Su necesidad es más sencilla y, a la vez, más profunda: dejar constancia de lo vivido antes de que el tiempo lo borre.

Este enfoque narrativo confiere al relato una autenticidad poco frecuente. El lector se enfrenta a un testimonio que asume errores y contradicciones, que reconoce tanto los momentos de orgullo como aquellos marcados por el arrepentimiento. La memoria se convierte así en una herramienta de reflexión y no en un mecanismo de autoengaño.

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Un estilo sobrio al servicio del relato

Uno de los grandes aciertos de la novela es su estilo narrativo. La prosa fluye con naturalidad, apoyada en una sintaxis cuidada y un vocabulario acorde con la época, pero sin caer en el exceso ni en el artificio. La autora logra recrear el ambiente histórico sin imponerlo al lector, permitiendo que el lenguaje acompañe al relato sin distraerlo.

Existe un equilibrio muy logrado entre descripción y acción, así como entre reflexión interior y avance narrativo. Las escenas se suceden con coherencia, y el ritmo, aunque pausado, invita a una lectura atenta y reflexiva. No se trata de una novela de grandes sobresaltos, sino de una historia que se construye a partir de matices.

Faustino de Garay: un protagonista lleno de contradicciones

Faustino es un personaje complejo y profundamente humano. Militar por tradición familiar, vive el honor como una obligación heredada más que como una verdadera vocación. Cumple con su papel porque es lo que se espera de él, aunque internamente no siempre se sienta identificado con ese destino.

En el ámbito sentimental, su incapacidad para el compromiso marca buena parte de su existencia. Las relaciones afectivas aparecen condicionadas por la distancia emocional, la duda y una constante sensación de provisionalidad. La autora evita juzgarlo de forma explícita: Faustino no es presentado ni como un héroe ni como un villano, sino como alguien atrapado entre sus propias limitaciones y las exigencias de su tiempo.

La historia como fuerza viva

El contexto histórico está tratado con rigor y sensibilidad. La España de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX aparece como un escenario de conflicto permanente, donde las guerras, los cambios de poder y la represión política afectan a todos los niveles de la sociedad.

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La novela muestra con acierto cómo esas tensiones históricas se filtran en la vida cotidiana, alterando trayectorias personales y condicionando decisiones individuales. La historia no funciona aquí como un simple telón de fondo, sino como una fuerza activa que moldea el destino de los personajes.

La familia como reflejo de una sociedad en cambio

La familia Garay actúa como un microcosmos de ese país en transformación. Cada uno de sus miembros representa una forma distinta de enfrentarse al cambio: la razón ilustrada, la violencia como respuesta al miedo, la adaptación pragmática o la resistencia frente a lo nuevo.

Esta pluralidad de miradas enriquece el relato y evita una visión simplificada del periodo. A través de los conflictos familiares, la novela explora cómo los grandes procesos históricos se viven de forma íntima y contradictoria.

Una lectura que invita a la pausa

No es una novela para leer con prisas. Su ritmo pausado invita a detenerse en los detalles, a reflexionar sobre los dilemas morales y a escuchar la voz de un narrador que no pretende convencer, sino compartir una experiencia vital.

Cabalgando entre dos tiempos es una obra honesta, bien construida y profundamente humana. Una novela histórica que demuestra que no es necesario exagerar los acontecimientos para resultar convincente y que confirma que la memoria, cuando se narra con verdad, puede convertirse en una forma de resistencia frente al olvido y en un puente entre culturas, épocas y formas de entender el mundo.