Miguel de Santiago: ¿Quién fue?, ¿Qué hizo?, Obras y más

Descubre todo sobre Miguel de Santiago, fue un artista español oriundo de la colonia de la Real Audiencia de Quito, ejemplo de la escuela quiteña del siglo XVII.​

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¿Quién fue Miguel de Santiago?

Miguel de Santiago nació en el año de 1626 en el territorio de Quito. Conocido por ser uno de los más importantes pintores de Latinoamérica durante el siglo XVII. Las obras que realizaba este famoso artista quiteño se basaban en motivos religiosos como era habitual en esa época. (Ver artículo: Quito)

Tuvo una estrecha relación con los agustinos, debido a su hospedaje con ellos durante un tiempo considerable de su vida. Aún en esta época se admira las piezas artísticas que elaboro este renombrado pintor que hacían alusión a La vida de San Agustín.

Pudo obtener el grado de maestro en la pintura a una edad que pocos podían conseguir, se presume que a partir de los años 1654 o 1656 aproximadamente. Además, tenía un taller de pintura en el territorio quiteño, donde apoyo la formación de varias generaciones de artistas en este ámbito durante más de 50 años. Entre sus discípulos más destacados se encuentran su hija Isabel y Nicolás Javier de Goríbar.

Era un hombre que no se consideraba racista, pues tenía alumnos de diferentes orígenes y además él era mestizo. Debido a los grandes talentos que tenía con la pintura, fue reconocido dentro de los grupos más poderosos en todo el territorio ecuatoriano, principalmente el grupo de la Iglesia Católica.

Como la mayoría de los artistas de América, Miguel de Santiago también se vio grandemente influenciado por el arte que se desempeñaba en Europa durante el siglo VXII. Con la intención de difundir la ideología religiosa al nuevo continente donde habían llegado los católicos, La Iglesia contrataba artistas hispanoamericanos para que estos elaboraran obras similares a las que realizaban artistas españoles u holandeses.

Según varios testimonios, Miguel de Santiago tuvo bastante influencia del arte barroco de Sevilla, en especial de Murillo, aunque jamás realizó un viaje al continente europeo para tener un mejor aprendizaje de este maestro. (Ver artículo: Arte Barroco)

Pero este artista quiteño poseía una enorme creatividad y delicadeza que, al unir a los motivos tradicionales con los colores y el espacio, creaba una forma única de pintura, admirada de generación en generación hasta nuestros días. Es mejor conocido por ser el primero en conectar la tradición con el nuevo continente, en una sola pieza artística.

Biografía

Miguel de Santiago es originario de Quito, que se encuentra en el actual Ecuador y aunque se desconoce la fecha exacta, se estima que el  mismo nace  en el año de 1626 aproximadamente. Su nombre primeramente fue Miguel Vizueta, y era hijo del también artista Lucas Vizueta y Juana Ruiz, quienes eran mestizos.

El en año de 1633, toma el apellido de Santiago, debido al fallecimiento temprano de su padre biológico, que lo implicó en la adopción de Hernando Santiago, quien era el Regidor y Fiel Ejecutor del cabildo de Riobamba. No existen muchos documentos que especifiquen la infancia del joven.

Los datos que se conocen empiezan a aparecer luego de su surgimiento como artista. Además, se puede destacar que recibió clases de Hernando de la Cruz, el fraile Domingo. Entre los pocos datos que se rescataron de su juventud también dice que realizó trabajos con el pintor Andrés Sánchez Gallque, quien era conocido por crear la obra Los negros de Esmeraldas.

Cabe mencionar que es relacionado con el pintor Diego de Orozco, quien también era nacido en el Ecuador y se especula que existían altas probabilidades de que fuera su aprendiz en el tiempo que cumplía su trabajo de obrador.

Maestro Pintor

Miguel de Santiago obtuvo el grado de maestro pintor a una corta edad para la época, entre los años 1654 y 1656 aproximadamente. Gracias a su estilo y cuidado en sus obras artísticas le otorgaron gran fama y renombre. Sus pinturas hasta lograron viajar por todo el océano Atlántico para llegar al continente europeo, donde fueron considerablemente admiradas, principalmente en Roma.

Fue considerado uno de los principales exponentes de la Escuela de Quito, gran influyente de la pintura en este territorio, durante el que se conoció como el siglo dorado de las artes quiteñas, que se comprende entre la parte final del siglo XVII y los inicios del siglo XVIII.

Tuvo su obrador propio, donde funcionó durante más de 50 años y que formó a muchas generaciones de jóvenes ecuatorianos que se encontraban interesados en el arte de la pintura. Entre sus pupilos se pueden mencionar a Isabel de Santiago, Antonio Egas-Venegas y Nicolás Goríbar.

Se casó con Andrea de Cisneros y Alvarado, descendiente de Francisco Cisneros y Juana Alvarado. De este matrimonio nacieron 4 hijos, de los cuales dos fueron varones que fallecieron durante su juventud y sin dejar hijos, y las dos hembras que eran Juana e Isabel.

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Juana tuvo un hijo que se llamó Agustín, pero luego de eso lo dejó huérfano. Miguel de Santiago se hizo cargo de él en ausencia de su madre.

Muerte

Estuvo gran parte de su vida en la propiedad que heredo en la parroquia de santa Bárbara, lugar donde abrió su taller de obrador. Miguel de Santiago tuvo una diferencia muy particular en relación a los demás artistas de la época y es que era un hombre que tuvo la capacidad de saber administrar sus ingresos.

Sin embargo, no se puede decir que Miguel de Santiago poseía grandes riquezas o lujos, debido a que la mayoría de sus trabajos eran dirigidos a la Iglesia y por esta razón los precios que les ponía a sus piezas no eran muy elevados. Cabe mencionar también que la valorización de sus obras era superior a las de cualquier otro pintor de la época en el territorio ecuatoriano.

Miguel de Santiago administró de buena forma el patrimonio de su madre, además de anexarle nuevas fuentes de ingreso para conservarlo.

El 4 de enero de 1706 se produce la muerte del artista quiteño Miguel de Santiago en su propio lugar de origen. Sus restos fueron sepultados con el hábito de San Agustín. Además, la misa y el sepelio fueron realizados en la Iglesia de San Agustín.

¿Qué hizo?

Miguel de Santiago fue un reconocido pintor de los principios de la época colonial en el territorio ecuatoriano. Fue el único hijo de un humilde hogar que se encontraba conformado por Lucas Vizuete y Juana Ruiz, quienes le dieron el nombre originario de Miguel Vizuete.

Adquirió el nombre de Miguel de Santiago en el momento que lo adopto Don Hernando Santiago en 1633. Su nuevo padre era el Regidor de Riobamba, quien cumplió con la última voluntad de Lucas Vizuete en su temprana muerte.

Se conoce que tomo clases de Hernando de la Cruz y de uno de sus discípulos que se llamaba Domingo, quien era un indio franciscano. Además, realizó trabajos con Sánchez Galique, famoso por su obra titulada “Los Negros de Esmeraldas”.

Miguel de Santiago es considerado uno de los principales exponentes del arte quiteño durante el siglo XVII, interprete de reconocidas obras como La Inmaculada Concepción. Las piezas artísticas representan el fondo de solida teología que resguarda la piedad del pueblo. Creó otras famosas pinturas como lo es La Inmaculada Eucaristía, que evidencia la conexión que existe entre María Santísima y la Eucaristía, un vínculo que fue proclamado por la Iglesia Católica luego de un largo tiempo.

Gran parte de sus obras poseían características que representaban la religión católica y entre las más destacadas se pueden mencionar las siguientes:

  • La serie que se dedicó a La Vida de San Agustín, que hoy en día se conserva en el convento de San Agustín.
  • La serie es representada como Los Milagros de Nuestra Señora de Guápulo, que se encuentra conformado por doce pinturas que se hallan conservadas en Guápulo.
  • Los capítulos de La Doctrina Cristiana, que se conserva en el museo de San Francisco.
  • La Inmaculada, que la pintó aproximadamente en el año de 1645 y que es considerada como una de sus primeras obras.
  • La Flagelación del Señor.
  • La Muerte de San Agustín.
  • Las Sillas.
  • La Muerte de San Nicolás.

Además, realizó gran cantidad de piezas que involucraban “Inmaculadas”, “El Nacimiento de la Virgen”, “El Invierno” de la serie “Las Estaciones” y muchas otras obras inspiradas y comunes en el ámbito religioso católico.

En el momento que se le fue encargado la decoración de la parte externa de la portería del convento de san Francisco a Miguel de Santiago, este hombre eligió la pared que mira al frente que conecta a los dos arcos de roca que están en la entrada para poner un tríptico, que estaría compuesta por una Dolorosa en todo el centro, que estuviese flanqueada por ángeles en las puestas de cubierta, y colocó a los patriarcas Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís a ambos lados de la Virgen.

Según varios historiadores del arte antiguo describen que en poco tiempo los habitantes de Quito convirtieron esa portería en una capilla, donde se dictaban misas a diario, a las plantas de la imagen de la Dolorosa.

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Miguel de Santiago se destacó por su innovadora técnica empleada en la elaboración de sus pinturas. Se caracterizó por exigirse demasiado, con una visión perfeccionista, utilizando materiales que estuvieran en óptimas condiciones y desde entonces los artistas de la pintura preparaban sus telas y la diversificación de los pigmentos para obtener aumentar las posibilidades cromáticas.

La característica principal de las obras de este pintor quiteño, que lo hacía diferenciarse al resto positivamente, fue que incorporó la realidad física y humana del Ecuador en sus piezas artísticas, elaborándolas apasionadamente y con un carácter seguro, que su guía y modelo durante varios años. De este modo, las piezas que elaboro para Guápulo no eran sus mejores obras hablando estéticamente, pero eran sus obras más significativas porque mostraban, de una manera muy profunda, el amor que le tenía a la tierra que lo vio nacer. (Ver artículo: Nacimiento de la República del Ecuador)

 

Para muchas personas que estudiaron sus figuras artísticas, varias de sus obras, como lo es la serie “Los Milagros de la Virgen”, no eran inspiradas de modelos físicos el mundo, si no fueron diseñadas desde su propia realidad o eran inventadas de su imaginación, pues tenía bastantes años de experiencia como para intentar nuevas formas de expresarse artísticamente.

Este artista ecuatoriano elaboró una obra titulada “La Virgen de Guápulo” que en pocos años fue proclamada como la Virgen Nacional, de tal forma que en 1644 se declaró “patrona de las armas reales”.

La pasión de Miguel de Santiago era tan grande a la hora de elaborar sus pinturas y se dice que poseía una obsesión extrema por la perfección. En su obra “Cristo Agonizante”, es admirable la forma en que se destaca el realismo que logró, se emocionó tanto por el éxtasis del desarrollo de su obra que flageló a uno de sus alumnos que le ayudó de modelo, con la intención de estudiar de manera real los estertores de la agonía.

Según las historias que se narran de este gran pintor ecuatoriano, su estilo de pintura era un tanto frenético, que se obsesionó por captar en esta obra la horrible realidad de la agonía y el suplicio, clavó una lanza en el pecho de su discípulo, que al herirlo este se retorcía del dolor en la cruz mientras convulsionaba hasta morir. En ese momento, el maestro plasmaba en su pintura ávidamente y con el pasar del proceso creativo se frenetismo y satisfacción iban en aumento, sin tener en cuenta el homicidio que había producido. Esta pieza se encuentra en la Iglesia de El Tejar.

Por hacer cometido este homicidio se ocultó durante varios años en el convento de San Agustín, hasta que fue absuelto gracias a las críticas que obtuvo su cuadro.

El artista Miguel de Santiago muere un 4 de enero de 1706, y se dice que dejó una enorme fortuna que destaca lo buen pagado que eran los artistas por sus obras en la época colonial. Su entierro se dio en la Iglesia de San Agustín y fue cubierto por el hábito de San Agustín.

Miguel de Santiago dejó una gran cantidad de obras que hoy en día todavía son admiradas. Realizó famosas series de pinturas como la de San Agustín, Guápulo y El Quinche, que son las piezas principales de los templos de Quito, en especial en San Francisco. Las Órdenes que encargaron sus obras la mayoría eran dedicadas a personajes del santoral que se prefiera. Además, se pueden apreciar obras de Santiago fuera del territorio ecuatoriano, como lo es el caso de la Catedral y de San Francisco en Bogotá.

Se conoce que muchas de sus pinturas fueron trasladadas a otros países, en especial a Roma, donde admiraban al perfeccionista pintor por el excelente acabado y compromiso que este les daba a sus obras.

Se describe que las piezas elaboradas por Santiago destacaban su gran uso del color, la utilización de tintes vegetales que él mismo preparaba, donde la paleta predominaba los tonos grises, sombríos y claroscuros. También es característico de su estilo las pinceladas largas y ágiles, que demostraba sus grandes habilidades para el dibujo, colocaba pocos detalles, con la intención de pecar de defectos la perspectiva.

 

Obras de Miguel de Santiago

La primera obra que realizó la encargó el padre Basilio de Rivera, del convento de San Agustín, ordenándole una serie de 14 pinturas que relataban la vida del Santo obispo de Hipona. Esta extensa colección se considera de las obras más relevantes de la época y se inspiró de los grabados que llegaron del continente europeo de Schelte a Bolswert en el año de 1624.

Cada pieza de este trabajo se elaboró con figuras centrales que se destacaban en cuanto a la composición, que estaba estructurada de forma arquitectónica, con paisajes y distancias atmosféricas. Luego de terminar esta serie, los agustinos le agarraron cierto cariño a Miguel de Santiago, convirtiéndolo en su artista favorito encargándole bastantes piezas religiosas después. Esto hizo que fuera reconocido por su talento artístico entre las familias más prestigiosas de la época. (Ver artículo: Religiones)

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Durante esos mismos años, comenzó una serie de obras para el convento de La Merced, que fue encargado por el Fray Antonio de Onramuño, tituladas “La Doctrina Cristiana”. Trabajo en la sacristía de la Iglesia de Guápulo, en la que se destacó por plasmar muchos detalles realistas de los paisajes andinos de la Audiencia de Quito.

Tal fue la fama de sus obras que llegó a Bogotá, capital del virreinato, lugar donde estableció una estrecha relación con el también famoso pintor Gregorio Vásquez de arce y Ceballos, a quien le regaló su pintura titulada “El Alabado”, obra que se expone en la actualidad en la Iglesia de San Francisco.

La iglesia de san Francisco fue otro de los clientes habituales de Miguel de Santiago, otorgándoles series como la que estaba conformada por 11 obras que se inspiraban en el Ave María y es considera la representación del vínculo entre Quito y Bogotá. Además, en esta misma ciudad elaboró una segunda serie que fue conocida como “Artículos de Fe” que fue para la Catedral.

Los cronistas Jorge Juan y Antonio de Ulloa elaboraron una obra titulada “Noticias Secretas de América” donde expresan que una gran cantidad de piezas de Miguel de Santiago las llevaron al continente europeo, debido a la gran apreciación que se tenía de su arte en este territorio y en especial en la ciudad de Roma.

Técnica

La doctrina cristiana se considera de las obras más extensas y complejas del arte barroco en América según los expertos y en ella Miguel de Santiago plasma el espíritu doctrinal en el que vivía su época, donde se pueden apreciar los mandamientos, sacramentos, vicios y virtudes que se relacionan al ámbito religioso católico. Conectó de forma hábil su lugar de trabajo artístico con el adoctrinamiento de los cristianos, siendo entendible solo para el público que medianamente conoce sobre este tema.

La técnica que desempeñaba el pintor quiteño según varios estudiosos del arte, se resumió en el colorido de sus obras era sobrio, con tinta vegetal que el mismo preparaba, donde se notaban considerablemente los tonos grises, sombríos y claroscuros.

Taller

El taller de obrador que era propiedad de Miguel de Santiago fue de los más reconocidos de la época en el territorio ecuatoriano. Las obras artistas y los propios artistas que salieron de este taller alcanzaron una fama y un renombre que era muy difícil lograr para los demás artistas de esa época.

Miguel de Santiago abrió su taller en la propiedad heredada por parte de su madre que se ubicaba en la parroquia de Santa Bárbara y estuvo presente en la formación de artistas ecuatorianos por más de medio siglo, hasta el día de su fallecimiento. Existen teorías que señalan que su hija Isabel heredó esta casa luego de la muerte del artista quiteño, sin importar que no haya datos que certifique este hecho y menos que lo mantuviese hasta su propio fallecimiento en 1714.

En este prestigioso taller se permitía el acceso a cualquier persona sin importar su raza. Uno de sus discípulos era Antonio Egas, quien era un blanco español, mientras que otro de sus alumnos era Simón Valenzuela, con orígenes mulato. Cabe destacar que, el mismo Miguel de Santiago era de origen mestizo. La fama del obrador de Miguel de Santiago se esparció rápidamente por las grandes piezas artísticas que salían de este taller. Sus obras llegaron hasta Bogotá, Santiago de Chile, México y parte de Europa.

La formación que desarrollo Miguel de Santiago se extiende mínimo a dos generaciones que incluyo a pintores que le fueron de gran ayuda en la elaboración de sus propias obras como en la serie de San Agustín que fue apoyado por Bartolomé Lobato, Simón de Valenzuela y Fray Alfonzo de la Vera.

De la segunda parte de la generación que formó se destacan aprendices como Nicolás de Goríbar, Isabel de Santiago y Antonio Egas. Aunque las pinturas del maestro nunca llegaron a ser superadas por las de sus alumnos. Tanto era el prestigio de las obras de Miguel de Santiago que eran mayor valoradas las piezas que fueran 100% elaboradas por él.

La vida de San Agustín

La serie de La Vida de san Agustín fue la principal obra de Miguel de Santiago durante sus inicios y fue la que lo llevo a la fama por mostrar las habilidades del pintor quiteño en s máxima expresión. Esta serie se ordenó por el padre Basilio de Ribera, quien era el Provincial de la orden de San Agustín. La obra fue culminada en el año de 1656.

Durante el siglo XVII se decía que la serie de La Vida de San Agustín fue una obra originaria en su totalidad de Miguel de Santiago. Pero tiempo después se pudo demostrar que el pintor quiteño había copiado unos segmentos de su creación de los grabados de Schelte de Bolswert.

Cabe destacar que durante esa época, era muy común en el territorio americano, copiar las obras artísticas de personajes europeos, aunque esto tenía un par de propósitos. El primer propósito era que se usaban en la decoración de espacios religiosos como conventos, iglesias y monasterios. La segunda intención era que servía para la educación y difusión de la doctrina católica en América. Por esta razón no se daba mucho espacio a la libre interpretación.

Los Milagros de la Virgen de Guápulo

La técnica usada por el pintor en esta pieza le permite darse algunas libertades. En esta serie se puede apreciar cómo se preocupa Miguel de Santiago por el paisaje andino, componiendo una serie de elementos en los que destacaba la arquitectura y las distancias.

En esta obra que él mismo tituló como Los Milagros de la Virgen de Guápulo, tuvo una gran participación de los discípulos de Santiago que pertenecían a su segunda generación de artistas y donde los más relevantes eran Goríbar, Isabel y Egas. Esta obra significó el punto de partida de la vida artística de estos jóvenes nacionalistas.

La eucaristía de Miguel de Santiago

Miguel de Santiago creó la Inmaculada Eucaristía, en la que intenta plasma la íntima relación que existe entre María Santísima y la Eucarística. Este vínculo no se dio a conocer públicamente hasta que en un largo tiempo después la Iglesia proclamara este hecho.

Leyendas

Miguel de Santiago también fue conocido por su carácter un tanto violento. Fue vinculado con unas cuantas leyendas un tanto controversiales que fueron de ámbito criminal. Entre las más destacadas se mencionan el ataque a su esposa y la famosa historia de “El Cristo de la Agonía”.

La primera leyenda que implica a su esposa narra acerca de que Miguel de Santiago le pidió a ella que cuidara el retrato ya finalizado de un Oidor de la Audiencia, mientras él tenía que viajar a Guápulo. Se dice que el cuadro reposaba en el patio de la casa mientras se secaba y cuando la esposa se descuidó, un cerdo empujo el caballete al suelo y la pintura se arruino toda. La mujer se encontraba muy asustada y le pidió a uno de los discípulos con mayor talento del obrador, Nicolás Javier de Goríbar, que la ayudara a arreglar la obra.

Cuando Miguel de Santiago volvió de Guápulo, fue invadido por una gran rabia en el momento que se dio cuenta que se retocó su obra en la parte de la mano. De inmediato expulsó a su estudiante del taller y fue al ataque de su esposa con una espada, logrando cortarle una oreja. A las pocas horas también llegó el Oidor para que se entregara su retrato, pero tuvo que verse en la obligación de huir porque el artista lo amenazo con la espada de matarlo.

Esta teoría puede ser verdadera debido a que Miguel de Santiago pidió asilo en el convento de San Agustín durante unos años, para de este modo salvarse de un juicio que le planteó su esposa antes de irse. Sin embargo, no se conoce o no se tiene datos verificables de cuáles eran las intenciones de este juicio.

La otra leyenda, que es más conocida aún, es en la que se ve involucrado el homicidio de uno de sus estudiantes al intentar plasmar los detalles agonizantes del Cristo Crucificado que le encargo los agustinos de la Iglesia.

Se dice que Miguel de Santiago se obsesionó por pintar la escena lo más realista posible y amarró a uno de sus discípulos a una cruz para partir de ahí y asemejar las características humanas en la cruz. Pero no lograba captar la cara de dolor que necesitaba, así que atravesó al joven con una lanza por los costados, para de este modo lograr la expresión que necesitaba y tanto deseaba. Cuando terminó de pitar y decidió bajar al alumno, ya este había muerto.

Esta obra se tituló luego como “El Cristo de la Agonía”, siendo una de las pinturas más famosas y destacadas de Miguel de Santiago, tanto por el excelente acabado que logró como por la controversia de la leyenda que lo implica. Se especula que el asilo que le otorgaron los agustinos en su convento de debió en mayor media por esta situación que por lo ocurrido con su esposa.

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